jueves, 29 de noviembre de 2012

Aprendamos a Desconectarnos


Uno de los temas más consultados últimamente se refiere a la tecnología y nuestra relación con ella en la vida diaria. Nadie puede negar que los aportes de la tecnología han permitido elevar nuestra calidad de vida gracias a la evolución de campos como la medicina, las industrias y las comunicaciones. Y si bien las comunicaciones han evolucionado tanto que ahora es muy fácil estar en contacto con familiares y amigos que viven lejos de nosotros, esa "socialización" de las comunicaciones nos ha hecho perder comunicación directa con quienes nos rodean. Basta dar una mirada a una escena familiar hoy en día y observamos que muchas veces estamos reunidos, pero no compartimos.

Mucha culpa la tiene entonces nuestra moderna dependencia de los smartphones y gadgets. Ellos facilitan la vida, pero a su vez nos han convertido en zombies de la información. Basta escuchar el sonido de un mensaje entrante o ver la dichosa lucesita roja parpadeando, para inmediatamente coger el móvil y responder lo solicitado. Es tal nuestro condicionamiento que hasta sentimos incomodidad o ansiedad cuando no podemos podemos responder, y no vamos a estar tranquilos hasta leer el mensaje y enviar la respuesta. Aquello que se supone nos debería hacer más eficientes en el manejo de nuestro tiempo nos ha convertido en adictos a la información.

Y no es sólo que las redes sociales hayan pasado a formar parte importante de nuestras vidas, sino que en algunos casos han inclusive llegado a controlarlas. Ya se habla de trastornos de personalidad por dependencia de las redes sociales, o de adicción a las mismas, fenómeno que es más frecuente e intenso en jóvenes entre los 16 y 24 años. También se contempla actualmente el rol que tienen las redes y esta adicción a la información en el elevado del nivel de estrés y la consecuente fatiga derivada del mismo. Es que es muy fácil perder la noción del tiempo y pasar más del necesario respondiendo mensajes o enterándonos de la vida de los demás. Esa tan humana curiosidad nos esta llevando a perder el control de nuestro tiempo, relaciones y espacio.

En el ámbito laboral hemos perdido el control de nuestras horas de trabajo. Ya no sabemos la diferencia entre estar en la oficina o en casa, y es que estos aparatos nos han vuelto hipereficientes. Pero ojo, que no se confunda ese término con súper eficiencia, ya que el exceso de atención a temas del trabajo fuera del horario laboral no sólo nos aleja de nuestros seres queridos, sino que además es una de las mayores causas de fatiga auto infligida. Esta fatiga nos hará mucho menos eficientes, pues tarde o temprano se convertirá en cansancio crónico y perderemos la capacidad para concentrarnos y tomar decisiones acertadas.


En cuanto a la escena familiar, si bien todos están enterados de lo que pasa en su cibermundo social, dejan de prestar atención y tiempo a lo que sucede frente a ellos. Una comida o evento familiar, momento tan importante para comunicarse y enterarse de las vivencias de cada miembro de nuestra familia, se ha convertido en una reunión de personas dispersas, conectadas en frecuencias distintas, que intercambian monosílabos o escasa información, o que simplemente no comunican mensaje alguno. Esta es una amenaza importante a nuestra vida familiar, y hay que ponerle límites antes de que acabe con nuestras relaciones.

Tenemos que gestionar nuestra relación con la tecnología y evitar que los smartphones, tablets, computadores, juegos de video y demás artefactos gobiernen nuestra vida en familia. Esto se logra sólo siendo conscientes del peligro que corremos al no saber desconectarnos, y poniendo reglas claras en casa sobre el uso de los mismos. Aquí algunas ideas:

  • Poner límites al uso de televisión, videojuegos o computador. Un buen margen son dos horas por día.
  • Evitar nuestra dependencia del e-Mail o mensajeros instantáneos, programando nuestros teléfonos para no recibir mensajes fuera del horario de oficina o fines de semana; o apagándolos hasta el día siguiente si no son nuestro medio de comunicación principal.
  • Poner reglas sobre el uso de los mismos en la mesa, en realidad no deberían de estar permitidos. Un excelente consejo es comprar una canasta y hacer "colecta" de móviles antes de sentarse en la mesa, no pudiendo tomarlos hasta que todos se han levantado de la misma. Así aseguramos una comida con conversación, y sobre todo una linda sobremesa.
  • Ser ejemplo de nuestros hijos, no utilizando los móviles cuando estamos con ellos y prestándoles toda nuestra atención. Debemos tener en claro que no sólo es pasar tiempo con ellos, sino darles nuestro tiempo, compartir con ellos y sobre todo interesarnos en lo que quieren decirnos. El reporte al Jefe o Gerente siempre podrá esperar al día lunes.
  • No permitiendo que la tecnología y los gadgets infieran en nuestras relaciones, aprendiendo a no depender de ellos y sabiendo ponerlos en su lugar. Recordemos que nunca una historia de la red social será más importante o interesante que aquella que nos quiera contar la persona que tenemos al frente.

Debemos aprender a desconectarnos, a ubicarnos en la situación y espacio, y dedicar tiempo a aquello que es importante y gratificante en nuestras vidas. Hagamos qué nuestros hijos pasen menos tiempo frente a una consola de juegos y más en el parque o al aire libre, jugando aquellos juegos que añoramos y que nos hicieron tan felices. Recuperemos el espacio familiar, y aprendamos a que la tecnología está para ayudarnos y facilitarnos la vida, no para interferir en nuestras relaciones y aislarnos de nuestros seres queridos.

Que pases una feliz semana... y un fin de semana, desconectado...






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