Uno de los temas que más recurrentemente me consultan tiene que ver con el control y manejo de la conducta vital. Claro, no lo hacen con ese nombre o definición, pero las situaciones y casos que me comentan llevan siempre esa dirección, lo cual me ha llevado a pensar que existe realmente un problema en como manejamos personalmente nuestra conducta vital, o más bien en como dejamos que otros la manejen por nosotros.
La conducta vital no es otra cosa que la forma en la que nos comportamos frente a la diferentes situaciones de la vida. Tiene que ver con la forma como tomamos nuestras decisiones, como resolvemos problemas y como solucionamos creativamente todo aquello que no este dentro de nuestros parámetros normales. Claro tiene también que ver con la forma como nos relacionamos con quienes nos rodean y como asumimos los retos y responsabilidades del día a día.
La conducta vital debería de ser un patrón estructurado y ordenado de nuestro comportamiento, y debería de permitir a los demás poder predecir como vamos a reaccionar en un determinado momento. La estabilidad de nuestra conducta vital permite que tengamos un "carácter" definido, y que podamos ser identificados común determinado temperamento.
Ahora, mientras que tengamos el control de nuestra conducta vital, y esta sea positiva, pues no hay ningún problema. Es más, deberíamos de ser capaces como adultos de saber mantener nuestra conducta vital dentro de ciertos límites y tener "alarmas" que nos indiquen alguna desviación más allá de patrón de comportamiento normal. En este estado un adulto es proactivo y asertivo.
El problema surge cuando, debido a algún factor perceptivo o influenciados por el comportamiento de otra persona, variamos nuestra conducta vital o perdemos el control de la misma. Es en ese preciso momento cuando dejamos de estar en un estado equilibrado y maduro, para muchas veces pasar a un estado o "polo" diferente, haciéndonos más agresivos o pasivos según sea el caso.
Si nos volvemos agresivos nos tornamos amenazantes, tiranos, abusivos. Muchas veces dejamos de pensar en quien tenemos al frente y violentamos sus derechos y decisiones, dejamos la armonía del diálogo por la discusión y no escuchamos razones. Aquí nuestra conducta vital muchas veces es gobernada por la irracionalidad, el odio, la terquedad. Somos capaces de hacer, y sobre todo decir, cosas muy hirientes y afectar profundamente a nuestro prójimo. Es un estado en el cual deberíamos de aislarnos y esperar que llegue la calma. Salir del lugar donde nos encontramos, tomar aire y respirar lentamente es un excelente método para salir de este estado y regresar a nuestro equilibrio.
Ahora, si nos volvemos pasivos nos tornamos víctimas y podemos terminar disminuidos, ignorados y pisoteados. En este estado no tenemos el gobierno de nuestros sentimientos ni acciones y generalmente dejamos nuestra conducta vital en manos de terceros. Nos dejamos manejar por la agresividad ajena y permitimos que decidan por nosotros. Obviamente es un estado en el cual la depresión gobierna, y donde perdemos todo control sobre nuestras acciones y decisiones. Pedir ayuda y evitar seguir el conflicto serían las mejores decisiones en un momento como ese.
Para evitar estos polos de agresividad y pasividad, todo adulto debería ser capaz de manejar los límites de su conducta vital, tomando el propio gobierno de todos los aspectos de su vida y gestionando aquellas situaciones que podrían desencadenar en un desbalance de su comportamiento. Tenemos que visualizar nuestra conducta como una balanza que debe, la mayor parte del tiempo, estar en equilibrio. Y es que sólo teniendo el control propio de nuestra conducta vital y aceptando que los demás actúan por sí y no en contra de nosotros, podremos realmente tener el control que necesitamos para vivir una vida llena de felicidad y plenitud, con la cual seremos capaces de influenciar positivamente en los demás.
La felicidad de los que me rodean no es otra cosa que la extensión de mi propia felicidad. Sólo siendo feliz lograremos hacer felices a quienes nos rodean.
Que tengan una excelente semana.

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